Sentoria · Eco del renacer
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Limessia·Daliana·Epílogo

Eco del renacer

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Epílogo·6 min de lectura

Lo primero que Aura vio al despertar fue un par de pestañas blancas.

Una joven kunan estaba inclinada cerca de su almohada. Tenía el pelaje azul, las mejillas blancas y unos ojos tan azules que Aura tardó en apartar la vista. El cabello le caía sobre los hombros en mechones azules y blancos. Sostenía una taza entre las manos; al verla abrir los ojos, levantó las orejas.

—¡Parhel! Ya despertó.

Aura sintió una manta sobre las piernas. Estaba acostada, con un brazo doblado junto a la almohada y la boca seca. Quiso incorporarse antes de recordar dónde había estado.

Buscó el fuego.

Había una lámpara pequeña, una pared de madera y una ventana cubierta. No vio los arcos del templo. Tampoco el vestido de Isaliria. Junto a la cama, una mesa tenía varios apuntes abiertos y tres tazas.

El pecho le dolió al tomar aire.

Aura se llevó la mano por debajo del cuello de la ropa. Encontró una cicatriz que bajaba desde debajo de la clavícula, dura en algunos bordes y sensible al tocarla. Retiró los dedos de golpe.

La sangre había estado allí hacía un instante.

Buscó la mancha en la mesa.

Solo encontró tinta.

—Esta vez bebe antes de volver a los apuntes —dijo la kunan—. Te quedaste hablando hasta que ya no podías mantener los ojos abiertos.

Acercó la taza. Aura retrocedió sobre la almohada.

—Espera... Yo...

La joven dejó de acercarse. La tela turquesa de su capa rozó el borde de la cama y la cola azul y blanca quedó quieta detrás de ella.

Un joven se levantó de la silla junto a la mesa. Tenía el cabello corto, azul oscuro, y una capa azul con bordes dorados sobre una camisa clara. Al mirar a Aura, sus ojos verdes se detuvieron en la mano que ella mantenía sobre el pecho. No se acercó tanto como la kunan.

Aura separó la mano del pecho.

—¿Dónde está Ambarine? —preguntó Aura—. Yo estaba con ella...

La kunan miró al joven. Él dejó el libro que tenía en la mano sobre los apuntes, sin poner una marca entre las páginas.

Aura miró otra vez la ventana. No podía ver qué había afuera. Apartó la manta e intentó ponerse de pie. Una punzada le alcanzó el hombro y tuvo que sujetarse del borde de la cama.

—¿Qué pasó con Isaliria? Yo estaba...

No logró terminar. Recordó el rayo, la pieza cayendo y una pluma caliente junto a su cara. Después no había nada.

El joven dio un paso para ayudarla. Aura levantó la mano libre y él se detuvo.

—Perdón... —dijo ella, sin saber por qué se estaba disculpando—. ¿Quiénes son ustedes?

La kunan bajó la taza hasta la mesa. La sostuvo allí un momento antes de soltarla.

—Soy... Killa. —Intentó sonreír—. Anoche estuvimos aquí, hablando de los ejercicios. Yo te traje el agua y tú me pediste que la dejara más fría.

Aura miró las pestañas blancas, el rostro y las orejas. Nada de aquella joven le devolvía la conversación.

El muchacho se quedó cerca de la silla.

—Me llamo Parhel.

Aura sintió que el nombre permanecía un poco más que los otros sonidos. Lo había encontrado antes, junto a recuerdos que nunca consiguió ordenar. Intentó unirlo con aquellos ojos verdes.

—Tu nombre... Lo he oído. Pero no sé...

No terminó. El rostro seguía siendo desconocido. Parhel miró la silla que acababa de dejar y apoyó una mano sobre el respaldo, sin sentarse todavía.

Un movimiento detrás de la lámpara hizo que Aura se volviera.

Wist estaba en el respaldo de una silla baja. La vio y descendió al suelo con un salto. Una de las alas no terminó de plegarse igual que la otra. Había plumas nuevas entre las antiguas, más cortas, todavía sin el mismo brillo.

Aura volvió a sentarse en el borde de la cama y le ofreció la mano.

—Estás aquí.

El fénix inclinó la cabeza. Tocó su mano con el pico y se quedó cerca mientras ella volvía a respirar.

Killa se sentó en el borde de la cama, lejos de la almohada.

—¿Qué es lo último que recuerdas? —preguntó.

Aura quiso contestar enseguida. Miró a Parhel, a las hojas y al cuaderno abierto sobre la mesa. Reconoció su letra en las primeras líneas. Había cálculos, correcciones y una fecha que no sabía situar. En el margen, alguien había dejado una anotación a la que ella misma parecía haber respondido.

—El templo —dijo—. Wist... me cubrió. Estaba herida.

Killa apretó los dedos contra la manta. Parhel se sentó despacio.

—Aura... Eso fue hace meses.

Aura no entendió la frase.

Se tocó de nuevo la cicatriz. La herida había cerrado. Su ropa era distinta, sus uñas estaban limpias y el bolso, dejado junto a la pared, tenía un remiendo que no recordaba haber hecho.

—¿Meses?

Parhel asintió. Aura buscó a Killa, esperando que dijera algo distinto, pero ella estaba mirando el cuaderno.

Aura miró la cama y sintió un frío que no venía de la ventana.

—¿He estado dormida?

—No todo ese tiempo —respondió Killa—. Dormiste esta noche. Antes caminaste con nosotros, volviste a esos ejercicios y discutiste conmigo porque guardé los apuntes antes de que terminaras. Ayer mismo... —Miró a Parhel y volvió hacia Aura—. Estuve escuchándote hasta que te quedaste dormida. Me pediste que te despertara temprano.

Quiso sonreír al decirlo, pero la sonrisa no llegó a formarse.

Aura bajó los ojos hacia el borde de la mesa. Había una marca circular debajo de la taza. Más de una, superpuestas. Killa deslizó el recipiente por encima de ellas hasta dejarlo a su alcance, pero no volvió a intentar ponérselo en las manos.

—No recuerdo haberte pedido eso... —Aura intentó mirar a ambos y se le llenaron los ojos de lágrimas—. No me acuerdo de ustedes.

Parhel había empezado a levantarse. Volvió a sentarse al verla aferrarse al borde de la cama.

—Podemos empezar otra vez —dijo. Le costó continuar—. Pero no te levantes tan rápido.

Aura miró a Wist. El ave seguía tocándole la mano. Se aferró a aquel contacto antes de enderezarse y caminar hasta el bolso. Killa retiró una silla del recorrido sin acercarse a ella.

La correa era la misma. El cuero tenía una mancha oscura junto al remiendo. Dentro encontró prendas dobladas y su cuaderno. Apartó la tela de uno de los paquetes.

Aulita conservaba la claridad blanca azulada en su interior.

Junto a ella estaba la pieza de tres caras incompletas que había recogido entre los aros. Aura tocó uno de sus bordes. Lo reconoció bajo los dedos antes de recordar el peso que tuvo en su mano ensangrentada.

La amalgamita también estaba guardada. Conservaba las mismas grietas y el hueco del fragmento desprendido, junto al engarce que Aaron había ajustado. Aura pasó el pulgar junto al metal sin apretarla. El recuerdo de su voz le hizo doler la garganta.

Quiso llamarlo.

Quiso llamar a Témpora.

Miró a Killa y a Parhel y no consiguió hacer ninguna de las dos cosas.

—¿Qué hice? —preguntó.

Killa se pasó el pulgar por el borde de la taza. Una línea de escarcha quedó sobre el asa antes de que ella apartara la mano. Parhel miró las hojas escritas por Aura, después apartó su libro de los apuntes.

Wist se acomodó junto al bolso.

Aura permaneció con una mano sobre las piezas. Quería preguntar muchas cosas, pero seguía mirando la cicatriz que desaparecía debajo de su ropa.

—Tengo miedo —dijo.

Killa retiró las manos de la taza. Parhel dejó las suyas quietas sobre el libro.

Aura levantó los ojos hacia ellos.

—Cuéntenme... cómo los conocí. Solo eso primero.

Epílogo·1266 palabras
SeñalesLecturas atmosféricas de este folio

Resonancia atmosférica

11,63 Hz

El pulso entre las palabras

Densidad iónica

9,19 kR

Un rastro de aurora

Luminiscencia

211,93 Lux

La luz que permanece

Fin del capítulo

Arco recorridoHas llegado al último capítulo disponible

Novedades · Versión 1.5.6

Portada, personajes y revisión de Daliana

  • Portada: se renueva la presentación de la sinopsis, con una distribución adaptada a móviles y escritorio y un acceso más claro para conocer la historia.
  • Continuar leyendo: los accesos de lectura de la portada ahora tienen en cuenta el progreso guardado en el dispositivo. Permiten retomar el capítulo actual o avanzar al primer capítulo principal pendiente; al completar lo publicado, llevan al selector de capítulos.
  • Personajes: «Los rostros del camino» estrena una presentación individual con ilustraciones de mayor tamaño, descripciones y un selector de miniaturas. Ambarine aparece como selección inicial.
  • Navegación del carrusel: puedes cambiar de personaje con las miniaturas, los botones anterior y siguiente, el teclado o deslizando sobre la ilustración en móviles. El recorrido continúa del último al primero y la sección conserva su altura al cambiar de personaje.
  • Enciclopedia: la galería incorpora enlaces directos a las fichas publicadas y se retira el aviso de «Próximamente» del acceso general. También se corrigen y unifican los textos de presentación de los personajes.
  • Capítulos 19 — Nombre con un peso y 20 — La noche del sol ardiente: ||se revisan los preparativos del regreso a la capital y las escenas de entrada a la ciudad y al palacio. Se actualizan sus tiempos estimados de lectura.||